En su Justa Dimensión

Las lecciones de Coahuila

Así que la lección de Coahuila va para todos, ahora el punto es ver si la aprendieron y ajustan el rumbo de aquí a 2027.

Hace nueve años, el Partido Acción Nacional se quedó a menos de 31 mil votos de ganar la gubernatura de Coahuila, en una elección muy peleada entre su candidato, Guillermo Anaya, y el priista Miguel Riquelme, quien resultó electo. El abanderado del PAN obtuvo más de 452 mil votos.

Hoy, nueve años después, el panismo quedó anulado, no alcanzó el mínimo exigido de 3% de la votación y perderá sus prerrogativas en la entidad, es decir no obtendrá financiamiento local en los años en que no hay elecciones, tras unos comicios en los que el PRI arrasó, como ya anticipaban las encuestas en esa entidad gobernada por el priista Manolo Jiménez.

Eufórico, el presidente nacional priista, Alejandro Moreno, se apresuró a presumir el triunfo como suyo, como si las preferencias de los coahuilenses por el tricolor se debieran a su dirigencia, cuando todo mundo sabe que el priismo en Coahuila es una fuerza local y se cocina aparte. Pero bueno, el campechano Alito no podía no colgarse esa medalla, que buena falta le hace a su disminuido partido. A ver cuánto les dura la borrachera antes de reparar en que el escenario de Coahuila dista mucho de replicarse a nivel nacional.

Y el PAN vaya que tiene mucho que revisar tras esa derrota. Cómo pasó de disputarle de tú a tú la gubernatura al priismo a prácticamente desaparecer del mapa electoral.

Ya en 2023, cuando fue en alianza con el PRI y acompañó al candidato tricolor Manolo Jiménez, quedó demostrada su escasa fuerza, pues el PAN aportó menos de 90 mil votos, de los 766 mil con los que triunfó la coalición. Un año después, en la elección de ayuntamientos en 2024, Acción Nacional fue separado del PRI y se quedó solamente con un municipio, el de Cuatrociénegas, y consiguió nada más 67 mil votos (4.3%), en lo que hasta entonces había sido el peor resultado que había tenido en el estado, antes de la debacle del domingo pasado que lo llevó a la lona, con menos de 27 mil votos, o sea solo 2.16%. Ahora, ¿la solución es volver a la alianza y reforzarla, como lo promueve el líder priista en San Lázaro, Rubén Moreira? Ya se verá.

Pero los que también tienen que reaccionar a la sacudida son los morenistas. Más allá del mediocre, si no es que nulo trabajo que hizo Andy López Beltrán como comisionado de Morena en Coahuila, lo que el oficialismo debe entender es que de poco le va a servir alegar fraude con QR –al margen de que, de comprobarse, sí será un tema al que deberá ponerse atención– cuando la realidad es que no pintan en bastiones opositores del norte.

Ya lo comprobaron en las elecciones municipales de Durango en 2025, cuando se fueron al tercer lugar. Pudieron darse cuenta también en su fracasada marcha en Chihuahua contra Maru Campos, ya con Ariadna Montiel a la cabeza del partido. Pero la lección de las urnas en Coahuila es la que debe hacerlos encender los focos rojos.

Al menos los comandantes morenistas en San Lázaro y el Senado ya pusieron los pies en la tierra y asumieron el desafío.

Ricardo Monreal, líder de los diputados guindas, admitió que Morena “deberá rendir cuentas” por la derrota y llamó a “aprender la lección”. Consciente de que “históricamente ha sido un estado difícil para la izquierda”, el zacatecano advirtió que “es un ejercicio que tenemos que revisar” y “nos sirve para no confiarnos y no descuidar nuestra estrategia”.

Su homólogo en la Cámara alta, Ignacio Mier, hizo lo propio al llamar a reconocer la “presencia territorial” que el priismo tiene y el “vínculo” con los coahuilenses, “desde los hermanos Moreira hasta Riquelme”, por lo que “hay que trabajar más nosotros”.

El reconocimiento de Mier del arraigo priista contrasta con lo que, con soberbia y exceso de confianza, decía a finales de enero la entonces lideresa nacional de Morena, Luisa Alcalde, de que “hay un mito acá en Coahuila. Dicen que el pueblo de Coahuila es priista. Ustedes saben que arrasó la presidenta Claudia Sheinbaum, Morena y la coalición”, se ufanó.

¿Y qué decir del Verde? ¿Muy gallito, no? Creyendo que su fuerza en San Luis Potosí alcanza un eco nacional, los verdes andan muy creciditos. En San Luis ya dejaron muy en claro que apostarán por el nepotismo y ellos van con la senadora Ruth González, sin importar que sea esposa del actual gobernador, Ricardo Gallardo. En Coahuila creyeron tener la fuerza suficiente para ir solos. El resultado: obtuvo solo 2.6% de los votos y perderá sus prerrogativas en el estado.

Ah, pero qué tal hace un año, en mayo de 2025, cuando desbordaba confianza Arturo Escobar, miembro de la cúpula verde a nivel nacional. “Hoy el partido está viviendo el mejor momento de su historia en todo el país, y no es la excepción Coahuila, entonces creo que ya es momento de que el partido compita sin alianzas”, decía.

Y por ese camino van en la Ciudad de México, recordemos al presuntuoso jefe Verde en la capital, Jesús Sesma, quien apenas en mayo pasado sostuvo que “el Verde está más fuerte que nunca”. El diputado local, quien sueña con ser candidato a la jefatura de Gobierno y ya se autodestapó, ha dicho que “no podemos vivir esperando una alianza. Hoy estamos construyendo para ir solos (...) El Verde está creciendo y fortaleciéndose todos los días”. Pues a ver cómo les va, en una de esas hasta terminarían desapareciendo del mapa en la capital.

Y por último MC, un partido que nomás no pega más allá de sus bastiones, Jalisco y Nuevo León. En la elección de Coahuila obtuvo apenas 1.9% de los votos. Cuánto más podrán seguir apostando los naranjas a sus feudos. Por lo pronto en Nuevo León el fosfo fosfo podría correr peligro luego de las presuntas corruptelas del gobernador, acusado de desvío de recursos del erario mediante triangulaciones que habrían ido a parar a las cuentas del despacho familiar. Pero Samuel parece muy confiado, declarándose en “modo party” durante todo un mes pa’ disfrutar del Mundial.

Así que la lección de Coahuila va para todos, ahora el punto es ver si la aprendieron y ajustan el rumbo de aquí a 2027.

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