En su Justa Dimensión

Elogios de la DEA a Harfuch, la zanahoria después del garrote

El titular de la SSPC recibió una cascada de elogios como pocas veces se ha visto de parte del jefe de la agencia antidrogas estadounidense, Terrance Cole, delante de al menos 400 representantes de más de 100 países.

La presidenta había decidido que Omar García Harfuch no fuera al evento de la DEA en Buenos Aires el martes de esta semana. Se había mostrado reacia, dada “la historia de relación de la DEA con México, sobre todo en los años recientes”. La tuvieron literalmente que convencer todos los integrantes del Gabinete de Seguridad de que el secretario sí debía acudir a Argentina. Resultado: el titular de la SSPC recibió una cascada de elogios como pocas veces se ha visto de parte del jefe de la agencia antidrogas estadounidense, Terrance Cole, delante de al menos 400 representantes de más de 100 países.

No es que sorprenda la buena relación que el responsable de la seguridad en México tiene con el gobierno estadounidense, ya el embajador Ronald Johnson se había expresado bien de él en distintas ocasiones, pero sí llamó la atención la deferencia con la que el agresivo funcionario de la administración Trump, que se encarga de combatir a los cárteles, trató a García Harfuch, su invitado en la Argentina de Milei. Lo calificó como “un socio de confianza” y “un buen amigo de Estados Unidos”. Aseguró que Omar “conoce la importancia de perseguir a los líderes criminales, interrumpir las cadenas de suministro y desmantelarlas desde la cúpula hasta la base”.

Pero lo que tampoco sorprende es el vaivén de la narrativa –ora confrontativa, ora conciliadora– de Washington hacia México, que da muestra clara del principio de la política de la Casa Blanca: el garrote y la zanahoria. Primero da un golpe discursivo y luego una palmadita en la espalda. Los halagos de Terry Cole a García Harfuch incluyeron un reconocimiento por seguir plantando cara a los criminales aun después de haber sufrido un atentado en 2020, que lo llevó al hospital y le arrebató la vida a dos de sus colaboradores. Y le agradeció “por tu liderazgo, tu amistad y tu colaboración”.

Esa retahíla de cumplidos fue la zanahoria que sucedió al garrotazo que el mismo Cole propinó el pasado 20 de julio, cuando, en un mensaje tras la sentencia dictada contra Ismael El Mayo Zambada, el jefe de la DEA advirtió que la captura y condena del capo sinaloense era “solo el principio”, y lanzó una amenaza a los narcopolíticos: “Ya sean traficantes o funcionarios corruptos de gobierno, la DEA vendrá por ustedes”.

Ese tipo de declaraciones no son exclusivas de Cole. Una semana después de ese amago contra funcionarios coludidos, el subjefe de gabinete de la Casa Blanca y uno de los principales ideólogos del trumpismo, Stephen Miller, aseguró que “hay una razón por la que en México el sistema de justicia, el sistema político y el sistema legal no funcionan. Es porque tienen territorio controlado y ocupado por organizaciones terroristas que matan, extorsionan, secuestran o asesinan a cualquiera que se interponga en su camino”.

Contrarrestar ese discurso fue justamente lo que motivó a Sheinbaum a aceptar que García Harfuch fuera a Buenos Aires, para mostrar –dijo– “los resultados de México, de reducción de homicidios y delitos de alto impacto, la estrategia… y la relación con Estados Unidos de cooperación sin subordinación”; es decir, para recetarle a Cole en su propio evento –y de paso a Miller y compañía– que se equivocan.

El buen trato de la DEA al brazo derecho de Sheinbaum, sin embargo, no debe hacer al gobierno mexicano echar las campanas al vuelo. La propia presidenta reconoce el zigzagueo de los funcionarios de Trump. Ayer, a pregunta expresa en la conferencia en Palacio Nacional sobre si veía un doble discurso de Washington, pues el mismo Terry Cole, que el martes se desvivió en cumplidos a García Harfuch, en otras ocasiones ha sido duro, Sheinbaum admitió: “Lo que dices es cierto, unas veces dicen un tema, y otras veces otro tema”.

De hecho, la cancelación de la visa de Andy López Beltrán es también parte del garrotazo previo a los piropos a Harfuch. La medida adoptada por el Departamento de Estado fue vista por Claudia como un asunto político y hasta se animó a decir que “un sector del gobierno de Trump” se ha dedicado a “atacar al movimiento” con motivos electorales.

Pero además, las adulaciones de parte de Estados Unidos nunca deben ser tomadas como testamento o como salvoconducto eterno. La prueba más clara –toda proporción guardada, pues no tienen absolutamente nada que ver los dos personajes– está en las condecoraciones que otorgó a Genaro García Luna, mismas que la propia Sheinbaum recordó en octubre de 2024, recién iniciando su mandato: la del FBI en septiembre de 2004, por “las investigaciones y arrestos de fugitivos”; la de la DEA en junio de 2005, “por su valiosa colaboración en la lucha contra el narcotráfico”, y la de la CIA en abril de 2012, “por su amistad, colaboración y apoyo” durante su gestión como secretario de Seguridad Pública con Calderón.

Ahora García Luna está preso y condenado a casi 39 años de prisión en Estados Unidos por cargos relacionados con el tráfico de drogas.

Hoy por hoy el gobierno de Trump ha dejado muy en claro en quién sí confía (Harfuch) y en quién no (Andy). Y el actual secretario de Seguridad del gobierno de México, junto con Marcelo Ebrard, secretario de Economía, son los interlocutores de mayor peso en Washington.

Los dos funcionarios siguen siendo, a la vista de todo mundo, candidatos naturales a suceder a Sheinbaum en la Presidencia de la República. La compleja situación con el TMEC parece complicar las aspiraciones de Ebrard. Y cuando en el terreno de la seguridad el escenario pintaba difícil, con las acusaciones a Rubén Rocha Moya y las amenazas a los narcofuncionarios, el espaldarazo de la DEA a Omar sin duda lo fortalece pero, sobre todo, fortalece a Sheinbaum para impulsarlo como su delfín con miras a 2030, para desgracia de más de uno en el ala dura del obradorismo que no ve con buenos ojos al titular de la SSPC. Ya lo bloquearon en 2024 como candidato a la jefatura de Gobierno capitalina para imponer a Clara Brugada. Si a eso agregamos que en la evaluación de las encuestas Omar sale mucho mejor evaluado que Clara, más le vale a los obradoristas “puros” irse buscando candidato, la pregunta es… ¿quién? No la van a tener nada fácil.

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