No es una actividad sencilla. Si sólo se busca agradar, terminará siendo obsequioso. Si sólo dedica su energía a confrontar, acabará cerrándose todas las puertas funcionales. En los pasillos del sector privado, siempre se discute cómo debe ser un líder empresarial.
Y no importa la agrupación que se represente. El diálogo con autoridades y funcionarios de los distintos poderes y los tres niveles de gobierno es una tarea compleja. A veces toca contener con carácter, en ocasiones proponer con inteligencia y casi siempre se requiere procurar convencer sobre prioridades o dolores gremiales.
Uno pensaría que basta con gozar de buenas formas y tener la capacidad de comunicar con asertividad, pero eso no es suficiente. El liderazgo empresarial requiere aprender a mover la conversación con el gobierno en la dirección que le conviene a la competitividad del país y del sector que representa.
¿Qué deben pulir aquellos individuos que aceptan un cargo de representación del sector privado? Aquí tres consideraciones para la reflexión:
1) Los diálogos de generalidades no mueven agujas.- Cuento por docenas las reuniones que he presenciado en las que llega la cámara o asociación sin tener clara una agenda: ¿qué se le va a pedir al funcionario que haga más o deje de hacer? Con base a un diagnóstico razonablemente unificado, ¿qué se le va a proponer?
La relación IP-Gobierno, cuando bien gestionada, tienen logros disímbolos. A veces de hacer y muchas ocasiones de dejar de hacer. Lo relevante, sin embargo, es que los liderazgos busquen incidir en que algo pase y no sólo en resolver la relación por la relación misma.
2) No esperar a ver qué quiere el poder.- Cuando gobierno e IP empatan en objetivos, la posibilidad de que ciertos temas ganen tracción es enorme. Cuando hay disenso de objetivos o métodos, debe trabajarse un balance democrático de los temas, especialmente en su contacto con otros intereses que al gobierno le toca armonizar.
Una cosa es que los liderazgos empresariales gocen de la virtud de la paciencia estratégica y otra es que adolezcan de proactividad en el diálogo constructivo, que presione su agenda en las más de las ventanillas que le sea posible.
3) La IP no debe concentrar el diálogo ‘en lo de afuera’.- Aunque el desarrollo siempre tendrá vectores externos e internos, la conversación con el gobierno debe privilegiar lo que es posible cambiar en el interior de la realidad nacional.
Hace años le escuché decir a un líder empresarial de otro país que lo exterior no debe ser la ruta de escape de las autoridades para confrontar su responsabilidad en lo interior. Entenderlo así, no limita aludir el contexto externo, pero sí implica concentrarse en lo que es posible afinar o cambiar dentro de las fronteras nacionales.
Los mejores líderes empresariales que he visto en actuación tienen un balance exquisito: pueden desplegar presión en su contraparte, pero tienen una autocontención personal disciplinada. Saben apoyarse en la fuerza de institucional, pero suman conexión individual en su relacionamiento intencionado. Administran relaciones existentes, pero producen los nuevos contactos que la coyuntura necesita.
El representado quiere ver que su líder diga y presione lo que se debe decir o presionar. La institución requiere de balances constructivos que viabilicen la interacción de largo plazo con la autoridad. Y los liderazgos necesitan un equilibrio saludable entre las causas de su gremio y la priorización de su energía y recursos nunca ilimitados.
Hay quien suele decir que las distintas organizaciones del sector privado deben invertir más tiempo en contener y menos tiempo agradar. Difícil rebatirlo, pero necesario complementarlo con una realidad: nunca es fácil ser voz frente al poder y menos si es en un cargo voluntario.