¿Qué sabemos realmente, en estos momentos, sobre el entramado político-delincuencial protagonizado por Rubén Rocha Moya (RM) en México? ¿Es RM el pez grande, o hay otros de mayor nivel que, al igual que el exgobernador de Sinaloa, han impuesto en el tablero del poder para beneficiar a una mafia de mayor alcurnia?
El episodio visto el fin de semana pasado perturbó irreversiblemente la esencia de la 4T porque es la primera vez desde que llegaron al poder, hace 8 años, que evidencia una clara ruptura con hechos indiscutibles.
Un sector importante de este movimiento político pasó, en menos de tres meses, de la defensa a la descalificación de RM, independientemente de que significara romper los frágiles hilos que Claudia Sheinbaum sostenía para salvar del desprestigio a su grupo político, que se está acostumbrando a vivir bajo el escándalo.
Tras el desafío de RM a la presidenta Sheinbaum, de regresar al gobierno de un estado secuestrado por el crimen organizado, tras solicitar licencia el 1 de mayo, se abre una pregunta esencial: ¿RM actuó sólo o fue respaldado por Andrés Manuel López Obrador o alguien de sus voceros e íntimos aliados? En política, una decisión de ese calibre difícilmente se toma sola; la política está llena de códigos, alianzas y, sobre todo, traiciones.
Otro ángulo al que se le tiene que dar puntual seguimiento es que la 4T transitó de exigir pruebas a Estados Unidos como garantía de defensa hacia RM a desacreditar una decisión del exgobernador, que en principio podría haber sido lógica: regresar al poder bajo la premisa de que “quien nada debe, nada teme”, pues la presidenta ha reiterado sistemáticamente que el vecino del norte no ha entregado pruebas que inculpen al sinaloense.
Entonces, ¿por qué tanto escándalo dentro de la 4T por el regreso de Rocha? Esto tiene una respuesta: los planes de la presidenta eran otros y todo apunta a que tiene que ver con algún acuerdo con el gobierno de los Estados Unidos.
Las cosas cambiaron desde que Omar García Harfuch regresó de Argentina. Ese viaje organizado por la DEA, y que al principio se había decidido que ningún representante de México participaría, dio un giro de 180° cuando desde el gobierno de Milei se decidió expulsar al contralmirante Fernando Farías. Estados Unidos forzó las cosas a tal grado que impuso condiciones al gobierno de Sheinbaum. A eso se sumó la confirmación del director de la DEA respecto a que hay funcionarios mexicanos involucrados con el crimen organizado, y aunque no es nueva esta premisa, en el contexto que se vive con RM, significa un punto de quiebre.
El manotazo que dio la presidenta Sheinbaum tuvo eco de inmediato y, aunque el destinatario fue RM, usó palabras contra diversos miembros de la 4T: “Aquello que se pretende colocar por encima de México no es el bienestar de su gente, sino la ambición desnuda del poder por el poder”... “El poder sin principios se vuelve arrogancia; el poder sin límites, abuso; y el poder que olvida al pueblo, termina enfrentándose a la historia”… “El pueblo no está para alimentar ambiciones personales”. Quien ha estado detrás de RM, también recibió la indirecta.
Paralelamente, se confirmó que hay investigaciones formales dentro de la Fiscalía General de la República, según se informó, en medio del ajetreo y del caos del fin de semana, la Secretaría de Gobernación el viernes, horas antes de la histórica sentencia que profirió la presidenta en su cuenta de X.
La ruptura estaba consumada y la enemistad de RM con la presidenta es ya irremediable. En su gira por la Ciudad de México, Sheinbaum dijo no haberse enterado de la desobediente decisión del señalado de regresar al poder en Sinaloa hasta que lo publicó en sus redes sociales. ¿Qué consecuencias traerá este rompimiento? ¿Cuáles serán ahora las cartas de un peligroso enemigo como RM? ¿Colaborará con EU como ya lo hacen dos de sus cercanos, o con quien lo llevó a la gubernatura, es decir, el crimen organizado?
Para nada está resuelta esta historia. Independientemente del futuro de RM, la red de corrupción y colusión es inmensa y trastoca transversalmente la esencia de la 4T. Estados Unidos está siendo el juez de la balanza dentro de México, donde la justicia opera a favor de los intereses del movimiento, sin importar los delitos que haya cometido. Lamentablemente, más allá de la justicia, en Washington también se tienen intereses que va a utilizar para obtener dividendos, sobre todo en el plano electoral.
Trópico de Cáncer
Hoy el presidente del TEPJF, Gilberto Bátiz, presentará la ponencia que muy probablemente se convertirá en sentencia, la cual obligará al nuevo partido Somos México, a cambiar su nombre. Podrán utilizar “Somos” y “México”, pero no de forma continua. Además, el color rosa mexicano también tendrá que ser modificado, ya que existe un partido, Fuerza por México (FxM), que opera en Puebla y Tlaxcala y usa el mismo color. De esta forma, tendrán hasta el 31 de agosto para presentar su nuevo concepto.