Aunque probablemente a estas alturas casi todo el mundo ha escuchado hablar del último fenómeno viral “farmear aura”, vale la pena explicar de qué trata.
“Farmear” viene del lenguaje de los videojuegos y significa, más o menos, repetir determinadas acciones para acumular recursos, experiencia o puntos. Y “aura”, en el idioma de internet, es la capacidad de proyectar seguridad, estilo, carisma o presencia. Juntas, por ende, serían hacer algo que te dé puntos de aura.
Pero ahora, el concepto sobrepasó la pantalla: jóvenes se están reuniendo en plazas públicas y parques de todo el mundo para enfrentarse en pequeñas batallas de poses, movimientos, miradas y actitud. El público aplaude y decide quién tiene más aura. En Xalapa, Veracruz, por ejemplo, un torneo reunió a cientos de personas y el espacio disponible incluso quedó rebasado por la convocatoria.
Internet, por supuesto, hizo lo suyo: enloqueció.
Hay quienes lo tachan de ridículo, absurdo o una constatación de que “los jóvenes de ahora” están perdidos. Ahí mismo, en Veracruz, un ayuntamiento hasta llegó a prohibir una batalla con la mala excusa de cuestiones administrativas.
Yo no veo una razón para preocuparnos por las juventudes que están haciendo esto, sino por el contrario, me parece sumamente saludable que encuentren maneras, por peculiares que nos parezcan a quienes ya pasamos determinada edad, de juntarse, ocupar los espacios públicos, mover el cuerpo, reírse y no tener miedo a hacer el ridículo frente a otras personas.
Y digo “hacer el ridículo” deliberadamente.
Porque esta dista de ser la primera vez que una generación joven inventa una forma de comportarse que escandaliza a los adultos: en los años cincuenta fueron los Teddy Boys y el rock and roll, después llegaron los Mods y los Rockers, luego los hippies, los punks, los skinheads, los emos y tantas otras tribus urbanas que en algún momento fueron presentadas como una amenaza para el futuro de la sociedad.
El sociólogo Stanley Cohen estudió este fenómeno y acuñó la idea de los “pánicos morales”: momentos en que una sociedad convierte determinadas expresiones juveniles en símbolos de una amenaza mucho mayor de lo que realmente representan. Su estudio sobre Mods y Rockers mostró cómo los medios y las autoridades podían convertir conflictos relativamente acotados en una supuesta crisis del orden social.
Con distancia histórica, muchas de aquellas amenazas son evidentemente exageradas.
Lo que yo veo hoy son jóvenes usando el espacio público para proyectar seguridad, una actividad que no requiere comprar nada, no necesita un dispositivo sofisticado y no depende del consumo de alcohol o de otras sustancias. Veo a personas que se encuentran físicamente para hacer algo juntas y, sobre todo, que son felices haciéndolo.
Y eso, en la era de la dictadura de las pantallas, es una gran cosa.
Además, hoy por hoy vivimos rodeados de una estética que premia lo uniforme en redes sociales mediante rutinas excesivamente ordenadas, cuerpos normativos y un castigo a las opiniones arriesgadas.
De hecho, la estética clean girl, otra tendencia juvenil popularizada en redes, da cuenta de esta uniformidad: un estudio publicado este año por la investigadora de la Pompeu Fabra, Marta Ezquerra, analizó videos de TikTok asociados con este concepto, encontrando una marcada homogeneidad visual, la repetición de rutinas y códigos de belleza, y una promoción constante de la autovigilancia, expresada en un profundo temor por parte de las adolescencias a ser juzgadas.
Por eso celebro a una generación dispuesta a salir a la calle a hacer poses, recibir aplausos y decir: sí, esto es ridículo. ¿Y qué?
Porque la verdad, es liberador perderle el miedo al ridículo.
Porque una sociedad donde nadie quiere desentonar termina produciendo personas carentes de matices, y una sana democracia requiere de lo contrario: personas capaces de expresarse, encontrarse y ocupar el espacio común.
Así que sí: farmear aura puede parecer una tontería. Pero al menos gratuita, corporal, creativa y, sobre todo, compartida.
Y si tengo que elegir entre una juventud que se reúne en una plaza para hacer poses, “ganar” autoestima y seguridad, y otra que pasa la tarde entera encerrada frente a una pantalla o deseando desde el materialismo ser “clean”, yo me sumo a la bolita de jóvenes más próxima.
**Hoy es el segundo informe de la Dra. Sheinbaum. Más allá de espectros ideológicos, hoy tiene el apoyo de siete de cada diez en nuestro país. Sin duda, México ya le dio los puntos de aura que se merece.