La Feria

Sheinbaum: Jefa de gobierno o jefa de movimiento

Chihuahua es el ejemplo perfecto de la deriva pendenciera del régimen, donde la lideresa máxima no resuelve si ha de ser jefa del aparato gubernamental que tendría que servir a todas y todos, o del movimiento que solo privilegia lo que dé permanencia a una facción.

En la inacabable búsqueda de explicaciones de la falta de inversión privada en México, sumemos una que, de resultar cierta, en el plazo inmediato solo vería expandir su potencial disuasor de la certidumbre que genera confianza en inversionistas.

Chihuahua es el ejemplo perfecto de la deriva pendenciera del régimen, donde la lideresa máxima no resuelve si ha de ser jefa del aparato gubernamental que tendría que servir a todas y todos, o del movimiento que solo privilegia lo que dé permanencia a una facción.

Va para un mes que Chihuahua cristaliza el choque partidista entre Morena y el PAN, enfrentamiento que genera un ruido nacional e internacional que indefectiblemente anula toda posibilidad de diálogo plural e impacta la planificación a mediano y largo plazo.

Morena ahora anuncia marchas en defensa de la soberanía, que habría sido vulnerada por agentes de la CIA colaborando con la policía de la gobernadora chihuahuense Maru Campos. Estos mítines no son inocuos para el entorno de los negocios, y no solo en Chihuahua.

Cuando México más necesita enviar un mensaje al capital para que se juegue su dinero de manera productiva, el obradorismo decide que, si alguien quiere pensar en Chihuahua como sede de alguna inversión, lo piense dos veces, porque quieren remover a la gobernadora. Así que, en cosa de semanas, esos inversionistas no tendrían quién les resuelva trámites, ni garantice diligencias de su emprendimiento.

Morena está muy lejos de madurar como ente con independencia del gobierno. Y la presidenta Sheinbaum poco o nada ha contribuido a ello. Enviar a Ariadna Montiel a la presidencia de Morena y darle chamba en el gabinete a quien ahí estaba es solo el último capítulo de un modus operandi donde no existe, ni en el discurso, la sana distancia (Zedillo dixit).

Y de nada servirá que la presidenta Sheinbaum se deslinde, como ayer, a pregunta expresa, de la embestida que Montiel ha anunciado en contra de Maru Campos. Para todos resulta obvio que ambas trabajan desde hoy para que el PAN pierda Chihuahua en 2027.

La presidenta ya no tiene que buscar inversiones. No las va a hallar antes de los comicios del año entrante. Mientras ella prefiera un buen pleito a malos arreglos, los inversionistas evitarán quedar bajo las patas de elefantes desaforados.

El gobierno se trata de minimizar costos, un movimiento de maximizar el conflicto –tan cercano y similar a la CNTE, el obradorismo lo sabe bien–. No que Maru Campos no deba una explicación creíble sobre la CIA en su estado, pero la presidenta tendrá aquí una victoria pírrica.

Así que, mientras Sheinbaum sea la jefa de una revolución, una que no cree que el sonar de los tambores de desafuero de una gobernadora impacta en la inversión, qué sorpresa puede haber en que la inversión espere mejores tiempos, aguarde a la llegada de un o una gobernante que no quiera andar en la procesión al tiempo que repica con recursos del Estado contra los adversarios.

Y Chihuahua es solo un caso. El panismo se atrincherará a fin de retener también Aguascalientes y Querétaro. Por lo pronto, los azules ya tienen en Maru Campos una candidata a mártir nacional.

Es decir, lo electoral va que vuela para nueva causa de la falta de inversión, como si sobraran motivos para ahuyentar al capital.

No porque comicios competidos o ruidosos asusten a los inversionistas; pero unos en donde la mayoría oficial en el Senado amenaza con desaforar a gobernantes opositores como si fuera cualquier cosa, no es lo más tranquilizador de cara al futuro.

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