Lo único bueno es que no son tiempos del licenciado Peña Nieto en la Presidencia de la República; que si no, cómo se habría puesto la situación tras la rarísima noticia del decomiso de 59 artefactos explosivos el lunes a normalistas de Ayotzinapa.
Piénsenlo dos minutos y felicítense. Porque si EPN estuviera, qué inauguración hoy ni qué la Chilindrina en el Azteca.
Afortunadamente con Claudia Sheinbaum en Palacio nadie piensa mal del gobierno, ni imagina que esta administración anda sembrando medio centenar de bombas de tubo a los normalistas de la Raúl Isidro Burgos. El problema es que nada parece tener sentido.
El lunes fueron detenidos en una entrada de la CDMX camiones donde venían normalistas de Ayotzinapa. Todos pensamos que el caos vial sería la principal noticia. Sorpresa: hubo, dijo el gobierno, un decomiso de 59 bombas. Ahí empieza a enredarse todo.
Si Peña gobernara, y su policía –con la de Mancera– hubiera dicho que los Ayotzi traían ese arsenal, no nos la hubiéramos acabado. Como fue la policía de Sheinbaum y García Harfuch la que “encontró” y decomisó las bombas, entonces van preguntas al gobierno federal:
¿Está diciendo el gobierno de la República que el movimiento de Ayotzinapa fabrica “bombas de tubo” y que se aprestaba a utilizarlas para reforzar las protestas que la CNTE y otros grupos han protagonizado en la capital desde la semana pasada?
Respuesta a partir de la información que “fuentes federales” han dado a la prensa desde el lunes: No, solo se trató de una “célula radical” ligada a la lucha de los normalistas que incluso quería introducir a la capital la friolera, dicen esas fuentes, de mil bombas de este tipo. Mil.
Repregunta al gobierno morenista: ¿Los de Ayotzinapa no sabían que “esa célula radical” había embarazado uno de sus camiones con más de medio centenar de bombas? Si sí, qué responsabilidad tienen; si no, entonces quién les metió ese gol con tan explosiva carga.
Las fuentes anónimas, que por lo menos hablaron o difundieron su versión a La Jornada; El Financiero y Milenio, culpan a Jesús García Estrada, El Coquillo, “presidente del Comité de Lucha”, como el responsable de elaborar y distribuir las bombas.
O sea que, según el gabinete de seguridad claudista, sí, en Ayotzinapa sí hacen bombas, no petardos, cientos de bombas, de hecho. Perdón que insista, ¿imaginan a Peña diciendo eso?
El gobierno de Morena va más allá. Ha filtrado que investiga a “personajes externos a la estructura estudiantil” que “mantienen influencia sobre grupos radicales vinculados a Ayotzinapa”. Volià. El gabinete de Claudia dice que los normalistas se dejan infiltrar como si nada, que les usan sus camiones para llevar bombas, que son peleles, pues. Si Osorio hubiera dicho algo semejante, le queman la Segob.
Finalmente, y todo a partir de esos informes que la Federación distribuyó a medios, el gobierno más humanista informa que “también investigan posibles mecanismos de financiamiento y apoyo logístico por parte de actores políticos de Guerrero, principalmente el senador Manuel Añorve y el PRI estatal”. Ya salió el peine: quienes vivieron la peor masacre en varios sexenios en tiempos del gobierno priista ahora se abrazan a uno de los pocos senadores priistas que quedan para venir a la capital a lanzar bombas. No sé, Rick, suena refalso. Por lo pronto, lo menos que les dicen a los normalistas es peleles del PRI.
Ojalá Omar dé una rueda de prensa de verdad (con periodistas ídem). Estando la crispación como está, solo eso nos falta, que el gobierno alimente complots. Porque si es una fabricación, pues pasará, pero si es real, pues dónde están las detenciones por 59 bombas.