La Feria

Cartas a la presidenta

Maru Campos tuvo que hacer pública una misiva enviada a Claudia Sheinbaum para buscar una cita.

Es una señal política que la presidenta de México rompa el diálogo público durante cinco meses con la gobernadora de un estado de la República. Es síntoma de disfuncionalidad gubernamental que eso se traduzca en desconexión entre una entidad y la Federación, tanto que Maru Campos tuvo que hacer pública una misiva enviada a Claudia Sheinbaum para buscar una cita.

El 15 de septiembre fue recibida en la Presidencia de la República una carta de la gobernadora Campos en la que pide a la primera mandataria un encuentro en el marco de la gira que realizaría este fin de semana pasado. Le solicitó ser quien la recibiera en el estado y una entrevista con triple agenda: seguridad –explicar eso que fue motivo del desencuentro–, agua y gusano barrenador.

El 18 de abril ocurrió un percance en la sierra de Chihuahua que terminó en escándalo bilateral. Dos agentes de la CIA fallecieron tras un operativo de policías chihuahuenses en el que participaron soldados; el gobierno de Sheinbaum reclamó la presencia y actividades de esos elementos de la infame agencia estadounidense a la gobernadora, quien replicó balbuceantemente.

La polémica escaló 10 días después cuando desde Estados Unidos se pidió la detención de 10 funcionarios o exfuncionarios de Sinaloa, entre ellos el entonces gobernador Rubén Rocha, el senador Enrique Inzunza y el presidente municipal de Culiacán. La mesa quedó servida para un encendido debate patriotero, en el que la gobernadora de Chihuahua fue calificada de colaboracionista de Washington.

Sheinbaum necesitaba un ejemplo de funcionaria entregada a las órdenes de Estados Unidos, y Campos, que además termina su periodo en 2027, por lo que su estado es la principal entidad a conquistar por parte de Morena el año entrante, tenía todo para fungir como piñata del morenismo: es panista, ha sido ligada a César Duarte y, sí, tenía a agentes de la CIA en su entidad. Hasta ahí los motivos de la política.

El problema es que con Sheinbaum esas jugadas políticas derivan en disfuncionalidad gubernamental. La relación con Chihuahua entró en piloto automático, si tal cosa es posible en el anormal tiempo que se vive con un Donald Trump amenazando el T-MEC y con una agenda bilateral complicada por reclamos norteamericanos de agua y cuando México batallaba para que Estados Unidos aceptara de nuevo su ganado.

Desde hace tres lustros, Chihuahua es el estado que más exporta, condición que suena lógica si se recuerda, por un lado, el auge manufacturero y, por otro, la actual demanda en Texas, Nuevo México y Arizona de semiconductores y componentes electrónicos. Además, exporta productos agropecuarios, llegando a ser potencia, por ejemplo, en ganado bovino, donde la entidad representa 40%.

Tal auge económico provoca, en parte, que la entidad que tiene como vecino a Durango padezca las dinámicas criminales de liderazgos del Cártel de Sinaloa y del de Juárez que se disputan el dominio de mercados y rutas. Precisamente por ello es más anómala la decisión de enfriamiento entre el gobierno de Sheinbaum y la entidad en manos de la panista Campos.

Al final hubo reunión el fin de semana. Tensa según los testimonios, pero hubo. ¿Significa eso que se reinstala la normalidad? Depende. Porque hay versiones de que incluso sin estar enfrentado, otro gobernador envió otra carta a la Presidencia porque por más que pedía citas para ver proyectos nomás no les contestaban en distintas dependencias del Ejecutivo.

Así que con o sin bronca de por medio, la presidenta Sheinbaum tendría que revisar por qué ella y su equipo terminan obligando a que les envíen cartas a ver si así atienden sus obligaciones (y oportunidades).

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