Contrapesos

Un arranque de año con sabor agridulce

El INEGI dio a conocer los datos de febrero de este año del Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), que reportó un aumento de sólo 0.1 por ciento mensual.

En la semana se conocieron una serie de indicadores relacionados con la inflación, el crecimiento y el mercado laboral en México que dejaron sabores agridulces sobre el desempeño de la economía nacional a principios de 2026.

Empecemos por lo bueno (a secas). Luego del repunte observado en los precios al consumidor a principios de marzo, la inflación mostró señales de moderación en la primera quincena de abril.

La inflación general fue de 4.5 por ciento anual, poco mayor a la anticipada por el consenso de analistas, pero desaceleró por segunda quincena consecutiva.

Aun así, la inflación general ligó cuatro quincenas consecutivas por arriba del rango objetivo del Banco de México, a pesar de la franca debilidad en la actividad económica.

Según las cifras del INEGI, en la quincena inicial de abril el componente no subyacente, que incluye los productos con precios más volátiles, como los agropecuarios, mostró una inflación de 5.4 por ciento anual, acelerando desde 4.9 por ciento en la quincena anterior y alcanzando su mayor nivel desde finales de mayo de 2025.

La inflación de los agropecuarios aumentó a 8.7 por ciento anual, impulsada por el repunte a 23.0 por ciento en los precios de frutas y verduras.

El otro componente, la inflación subyacente, que excluye bienes y servicios con precios más volátiles o que no responden a condiciones de mercado, pero que refleja mejor la tendencia inflacionaria, se ubicó en 4.3 por ciento anual y ligó cinco quincenas en desaceleración.

El mensaje es que mientras la subyacente parece estar cediendo, la no subyacente sigue presionada, por lo que aún no es hora de cantar victoria sobre la inflación.

Sigamos con lo malo. Al cierre de la semana, el INEGI dio a conocer los datos de febrero de este año del Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), que reportó un aumento de sólo 0.1 por ciento mensual, menor al 0.5 por ciento que anticipó el indicador oportuno publicado el lunes pasado.

El avance ni de lejos alcanza a revertir la caída de 0.7 por ciento en enero previo.

Por actividades, el sector primario o agropecuario se contrajo 0.3 por ciento en febrero; la producción industrial –dato que ya se conocía– se incrementó 0.4 por ciento y las actividades terciarias, relacionadas con el comercio y los servicios, descendieron 0.1 por ciento, retrocediendo por segundo mes consecutivo.

Comparado con febrero de 2025, el IGAE registró un retroceso de 0.3 por ciento anual, exactamente al revés del incremento de 0.3 por ciento estimado con el indicador oportuno, además de ser la primera cifra negativa a tasa anual desde septiembre de 2025.

El IGAE ofrece datos observados de la actividad económica y, para efectos del análisis, funciona como un aproximado mensual del PIB.

Lo que deja ver es una debilidad significativa de la economía entre enero y febrero, que perfila un crecimiento del PIB cercano a cero en el primer trimestre del año o incluso una contracción.

Cerremos con lo feo. El principal reto de México en materia laboral sigue siendo la informalidad, que no logra disminuir con suficiencia.

El INEGI también publicó los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo correspondiente a marzo pasado, los cuales muestran que la población ocupada en el país se ubicó en 60.2 millones de personas

De las personas ocupadas, 33.0 millones tuvieron una ocupación informal en el tercer mes del año, contra 32.5 millones 12 meses atrás.

Además de que unas 500 mil personas se incorporaron a la informalidad laboral, poco más de uno de cada dos ocupados genera sus ingresos desde actividades laboralmente vulnerables.

La tasa de informalidad laboral fue de 54.8 por ciento, superior en 0.5 puntos respecto a la del año anterior.

De esto se desprende que la población ocupada en la formalidad laboral fue de 27.2 millones, misma cantidad que en marzo de 2025.

Esto significa que la informalidad laboral sigue dando cobijo a más de la mitad de las personas ocupadas en el país.

La población informal arrancó este año con 32.7 millones de personas y tanto en febrero como en marzo se mantuvo en 33 millones.

Por su parte, la formalidad laboral avanzó de 26.9 millones de personas a 27.2 millones de enero a marzo.

A la callada, la informalidad sigue sumando población a sus filas y es, por tanto, el gran reto para el mercado laboral en México.

COLUMNAS ANTERIORES

La ‘adormecida’ economía mexicana a inicios del año
Los cuartos de final del Mundial… y del T-MEC

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.