A mediados de mayo del 2026, el diario The New York Times afirmó en un espacio editorial que el gobierno de Estados Unidos tenía informantes al interior de Morena.
Después, el Washington Post confirmó que fuentes de la Casa Blanca y del Departamento de Justicia afirmaban tener informantes secretos que compartían información con las autoridades estadounidenses.
En México se encendieron las alertas. En Palacio Nacional se inició una búsqueda detallada y un barrido completo de personas “expuestas”, que por su posición o responsabilidad pudieran estar sosteniendo conversaciones con autoridades norteamericanas.
El primero y más sonado fue el escándalo de la gobernadora Maru Campos en Chihuahua, que malabareó por intentar justificar la presencia de dos agentes de la CIA realizando un operativo antinarco en territorio mexicano.
Después vino otra gobernadora, Marina del Pilar Ávila en Baja California, quien, en la desesperación por recuperar una visa de turista a territorio americano, se atrevió a ofrecer —existen grabaciones validadas por ella misma como auténticas— información del Gabinete de Seguridad que preside en Baja California frente a titulares de la Defensa, la Marina y otros organismos de seguridad en esa zona fronteriza.
Información extremadamente delicada y confidencial, que pudiera comprometer no sólo operaciones, sino el involucramiento de autoridades en su realización.
Para variar, Sheinbaum y Morena salieron en la defensa de Marina, y echaron el carro completo de los denuestos y acusaciones contra Maru Campos.
La presidenta disminuyó y desechó el caso de Marina, quien sí califica como “traición a la patria” por compartir información sensible del gobierno con otro país. Las contrastantes varas de la justicia a modo y del uso político de la justicia mexicana.
Después supimos del cese fulminante de un fiscal relevante en México, Ulises Lara, encargado de “casos especiales”, estrecho colaborador de Ernestina Godoy, la fiscal general de la República.
Por Ulises, nos cuentan los testigos, llegó un comando armado, táctico y especializado de la Secretaría de Seguridad bajo el mando de Omar García Harfuch.
El comando actuó de forma inmediata y expedita. Sacaron de los brazos a Ulises Lara, sellaron archiveros, computadoras, dispositivos y acordonaron la oficina en la Fiscalía. Nadie podía entrar o salir del antiguo despacho del fiscal especial de “casos raros”.
Toda la información bajo su poder quedó en manos de los agentes especiales que, después de sacarlo del edificio, empezaron a revisar en detalle.
La orden venía de arriba, de la presidenta, tras haber recibido informes de que Lara jugaba al contraespía y agente encubierto para el gobierno de Estados Unidos.
Posición clave para tener a un informante de altísimo nivel: un fiscal, encargado de casos sensibles para el gobierno y para la presidenta. Huachicol, narcotráfico, ligas y vínculos de políticos o servidores de todos los niveles.
Lara era gente de confianza de Ernestina, y le falló. Llama la atención que no ha iniciado un proceso en su contra por lo que dijo o pudo haber dicho y compartido. O tal vez sí arrancó ese proceso y no lo han comunicado.
Lo cierto es que Washington posee información. Tiene datos, sospechas de funcionarios, nombres mencionados. ¿Con quién hablaba El Mayo, y en qué tiempos de qué gobiernos?
¿Con quién hablaba en los últimos 8 años?
El general Gerardo Mérida, secretario de Seguridad en Sinaloa durante el primer año de Rubén Rocha, fue liberado hace unos días de una corte en Nueva York y de una prisión, para seguir su proceso en libertad, como testigo protegido.
¿Qué información compartió el general para que lo dejaran salir y “seguir colaborando” en libertad? ¿Existen más “topos” en el gobierno mexicano y al interior de Morena?
La furibunda y volcánica carta de Andy y su papá —tenemos claro que AMLO participó, aprobó, aportó elementos— obedece a un nerviosismo extremo. ¿Qué les preocupa a los López, que son capaces de provocar este golpe de tensión con Estados Unidos y —muy importante— a la presidenta de México?
¿Será que Claudia esté considerando algún tipo de colaboración que permita la entrega de Rocha, o Adán, o Insunza, o Delgado, o cualquiera de los implicados?
Más preguntas e hipótesis que información. Lo cierto es que AMLO tiró un jalón enérgico a Morena en su esfuerzo por blindar y proteger a su hijo. Pero, sobre todo, para los seguidores internos, para reafirmar su vieja premisa: “Aquí mando yo”.