Imaginemos un día en la vida de un niño de entre 7 y 13 años sin ningún tipo de dispositivo con pantalla. Sin tablet, sin computadora, sin celular; ni en casa ni en la escuela. ¿Es posible? Claro; de hecho, es la realidad de millones de niños mexicanos. Ahora, ¿debe la educación en el país olvidarse de dispositivos tecnológicos? Esa ya es otra cosa y un planteamiento muy cuestionable.
Esta disyuntiva surge a raíz de la discusión en torno a la necesidad de prohibir, o cuando menos regular, los celulares en las escuelas. Mucho se ha hablado ya de los daños que provoca el uso de smartphones en menores de edad, sobre todo por las redes sociales y el patrón adictivo con el scroll infinito.
Eso no está en duda, pero llamó la atención una declaración de la presidenta Sheinbaum del 27 de agosto, luego de insistir en los efectos nocivos del uso excesivo de las plataformas digitales: “(...) Me parece que es importante que en las escuelas se regrese al papel, al lápiz, a un aprendizaje que no tenga que ver con los dispositivos electrónicos”.
Quizá fue el fraseo de la mandataria lo que hizo levantar las cejas. De entrada, “regresar” al lápiz y al papel… Y no porque arrastrar el lápiz en el cuaderno esté mal, al contrario (más adelante abordaremos los beneficios). Pero, “regresar”... suena a una regresión en el aprendizaje. Quizá pudo haber dicho “retomar” o “recuperar” la escritura a mano, el tomar notas, el hacer cuentas en una libreta. Ok, pensemos que fue solo cuestión de fraseo. Pero, un aprendizaje ¿“que no tenga que ver con los dispositivos electrónicos”? ¿Es ese el camino? ¿Abandonar la tecnología y todo el potencial que tiene en la enseñanza?
Vayamos por partes. La pedagoga Laura Frade, doctora en educación por la Atlantic Internacional University de Miami, comenta en entrevista que lo de lápiz y papel “sí tiene una razón que es importante entenderla, y es que si algo está sucediendo con la tecnología, es que ya no se escribe tanto a mano. Y no escribir a mano sí es una pérdida cognitiva importante, porque está comprobado que la escritura a mano desarrolla muchísimo las capacidades cerebrales, pues al hacerlo estás coordinando varias áreas del cerebro que se conjuntan para trabajar: el lenguaje, la coordinación motora fina, el espacio en el papel, el procesamiento de las ideas, de las palabras…”.
La especialista apunta que si en su momento quedó demostrado el denominado “Efecto Flynn” –de James Flynn–, el cual probó que el IQ de las nuevas generaciones fue aumentando gradualmente de 1938 a 2008 con respecto al de las generaciones anteriores, hoy estamos viendo el “Efecto AntiFlynn”, es decir, lo contrario, que en las últimas generaciones el IQ ha ido en descenso. Y en ello tiene que ver –explica– que dejamos de hacer ciertas cosas que nos iban desarrollando como seres humanos, y entonces se produce una atrofia.
Ahora bien, la experta remarca que no se trata de prohibir computadoras ni tablets, sino específicamente el celular, pues ese es el problemático. Dentro del aula es un distractor, es una realidad, y los maestros así lo refirieron en el sondeo. El simple hecho de traerlo en la mochila les genera a los alumnos ansiedad de estarlo revisando.
La bronca viene cuando vemos que, según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2025 del INEGI, más de la mitad de las viviendas del país –55.3% de los hogares– no cuenta con computadora de escritorio, portátil o tablet. Más aún, de acuerdo con la Iniciativa de Educación con Equidad y Calidad, del Tec de Monterrey y México Evalúa, en México, 13.1 millones de niños de entre 6 y 17 años –uno de cada dos– viven en hogares donde el celular es la única tecnología disponible.
En la encuesta que levantó la SEP entre 565 mil 396 maestros, 81% dijo estar a favor de que haya lineamientos, reglas para garantizar un uso seguro del celular, y con fines pedagógicos.
Eso está bien. Pero de ahí a prescindir por completo de los dispositivos para acompañar o complementar la enseñanza, sería un error. Al contrario, el gobierno, en lugar de dilapidar millones en megaobras inservibles, debería invertir en dotar de tecnología a las escuelas públicas del país.
Suecia está viviendo un experimento en el sentido planteado por Sheinbaum. Desde 2023 tuvo un viraje, volvió al lápiz y al papel y dejó a un lado los dispositivos. Pero a ver… ¡es Suecia!, ellos ya tuvieron un boom tecnológico en su sistema educativo y se pueden dar el lujo de cambiar de enfoque y regresar.
Además, el propio director de Educación de la OCDE, Andreas Schleicher, acotó que Suecia “simplemente introdujo muchos dispositivos y tecnología en las aulas sin una intención pedagógica clara, sin metas claras”*.
En México lo ideal sería un equilibrio entre el uso adecuado y orientado de las tecnologías digitales y los métodos tradicionales. Y, sobre todo, remarca la experta Frade, el desarrollo de las llamadas competencias digitales críticas, que ayuden al alumno a discernir lo real de lo ficticio, máxime en la era de la inteligencia artificial.
Claro que para el gobierno es mucho más cómodo y barato decir “regresemos al lápiz y el papel y que la enseñanza no tenga que ver con dispositivos electrónicos”. Así no tienen que invertir en infraestructura tecnológica y solo repartir becas… y cosechar votos con ellas.
* https://www.bbc.com/mundo/ articles/c1eqqwgypdno